Los abuelos y abuelas son mucho más que los padres de nuestros padres: son transmisores de historias, guardianes de tradiciones, consejeros silenciosos y fuente inagotable de cariño. Para muchos nietos y nietas, son refugio y guía; para las familias, una presencia constante que sostiene vínculos y enseña con el ejemplo.
En tiempos en los que se habla de envejecimiento activo y bienestar en la tercera edad, es necesario subrayar que los abuelos no solo ofrecen compañía y experiencia, sino que también necesitan ser acompañados, escuchados y valorados. Gestos de afecto y reconocimiento, incluso fuera de la fecha conmemorativa, fortalecen su autoestima y les recuerdan que su presencia sigue siendo esencial.
A menudo, las personas mayores enfrentan situaciones de invisibilidad o marginación social. Por eso, el Día de los Abuelos —y su recuerdo en estas semanas posteriores— debe servirnos de recordatorio para incluirlos activamente en la vida familiar y comunitaria. Preguntarles su opinión, invitarlos a participar de decisiones, escucharlos y compartir actividades cotidianas son maneras de revalorizar su rol.
El contacto intergeneracional es, además, enriquecedor para todas las edades. Estar cerca de niños, adolescentes o adultos jóvenes ayuda a los abuelos a mantenerse actualizados, curiosos y activos, mientras que los más jóvenes encuentran en ellos un puente hacia historias de vida, aprendizajes y valores únicos.
Ya sea cuidando, cocinando, enseñando o simplemente escuchando, los abuelos dejan huellas profundas en la vida de quienes los rodean. Reconocerlo no debería quedar limitado al 26 de julio, sino extenderse a cada día del año, cultivando el respeto, la empatía y la gratitud hacia quienes tanto han dado y aún tienen para ofrecer.
Además, es importante considerar que el bienestar de los abuelos no depende solo del entorno familiar, sino también de políticas públicas y programas sociales que los integren y protejan. Actividades comunitarias, espacios recreativos y propuestas de participación ciudadana ayudan a que mantengan un rol activo y se sientan útiles en la sociedad. El verdadero homenaje, entonces, trasciende la fecha y se convierte en un compromiso colectivo: garantizar que cada abuelo y abuela viva con dignidad, acompañado y valorado, reconociendo que su sabiduría sigue siendo imprescindible para las nuevas generaciones.